Confesión de Fe e Identidad

Proverbios 23:7
Lo que determina lo que yo soy no es lo que hago, lo que tengo sino lo que yo pienso íntimamente de mí mismo en lo profundo de mi corazón.

Para que haya un cambio en el mundo tiene que haber un cambio en uno mismo.

Lo que le da dirección a una persona es lo que piensa de sí misma.

Los espías vieron una cosa que Josué y Caleb no vieron; el negativismo trae muerte, preocupación, ansiedad que te mata y te destruye. Josué hizo su función y Caleb hablaba de su confianza de su identidad de su autoestima. Nunca claudiques, nunca des por hecho que ya fracasaste. Caleb a sus 85 años tomo la posesión de su herencia.

El mundo a través de la cultura de otras personas de los medios de comunicación nos dicen o etiquetan en lo que no somos. Lo que Dios dice que somos llego antes de lo que el mundo dice que somos.

Para que haya transformación es la revelación de la palabra “rema”: tener el entendimiento de lo que la palabra dice. Romanos 8:35

Requiere de nosotros dos cosas.

1. La fe de Dios en su palabra. La fe es un espíritu. Creemos y hablamos. Romanos 10:17

En tus manos está desarrollar el espíritu de fe conociendo y entendiendo la palabra de Dios.

2. La confesión de la palabra de Dios. Proverbios 18:20-21 La manera en la que tú hablas está marcando tus circunstancias y tu destino. Joel 2:20, Ruth 3:11, Marcos 11:22. Tienes que hablar creyendo. No inutilices la Palabra con duda, incredulidad. Tienes que colaborar para renovar el espíritu de tu mente. Jeremías 1:7, Números 22:35. Dios nos manda a decir a cerca de nosotros mismos lo la Biblia dice que somos.

A) Diga el pobre rico soy. Diga el enfermo yo soy sano, a los quebrantados digan soy libre.

Romanos 12:1-3. Hay un proceso. El culto a Dios es con razón y entendimiento. Hay que rechazar lo que nos digan los sentidos, nuestra naturaleza humana, lo que nos dicen los demás.

B) Romanos 12:2 ya no piense como pensaba antes.

3. Romanos 12:3 La fe para activar la Palabra.

Sirve para activar la palabra y esa palabra activada, nos sana de las aflicciones. Efesios 3:20

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